Arxiu del dimecres, 5/12/2012

Estimable señor Wert

dimecres, 5/12/2012

Wert.JPG Estimable señor José Ignacio Wert

Me permito escribirle desde este modesto rincón de Internet con motivo de la propuesta de reforma educativa que ha presentado recientemente. Como científico y persona interesada en la calidad de la enseñanza que se ofrece y su impacto en la formación de las futuras generaciones, he de mostrarle mi inquietud por los cambios que ha presentado.

Según se desprende de la información a que he accedido, va a desaparecer, entre otras, la asignatura de “ciencias para el mundo contemporáneo”. Supongo que es consciente que con esta desaparición muchos alumnos terminarán los estudios con un muy pobre conocimiento de temas científicos. Esto no es irrelevante ya que, como se ha hecho notar reiteradamente, en un mundo cada vez más dependiente de la tecnología, las personas sin una mínima formación en el campo de las ciencias estarán en clara desventaja. Conceptos como las terapias génicas, las células madre, el cambio climático, las limitaciones de las fuentes de energía o la importancia de enfermedades emergentes han de ser conocidos también por alumnos que se decanten por las humanidades o el arte. De la misma manera la literatura o la filosofía han de ser conocidas por los que se decidan por carreras tecnológicas o científicas. Entiendo que su cometido como ministro de educación debería ser tender puentes entre ciencias y letras y no cortar los pocos existentes.

Por otra parte, parece que se refuerza la importancia de la asignatura de religión. Por supuesto, tener conocimientos sobre religión es imprescindible para entender nuestra cultura así como las particularidades de otras culturas más lejanas. Aunque personalmente no soy creyente, de ninguna manera me parecería razonable un plan de estudios que no incluyera la enseñanza del hecho religioso. Otra cosa muy diferente es usar la escuela para el adoctrinamiento en una u otra religión.

Actualmente la mitad de los españoles es incapaz de nombrar ni un solo científico. Comprometer la enseñanza de ciencias y reforzar la de religión no parece una buena manera de cambiar este hecho. Aunque también es posible que esta sea la intención. Una población con un mínimo conocimiento del método científico, con lo que conlleva de un cierto escepticismo, es más difícilmente manipulable. Y por supuesto, una población manipulable es algo muy conveniente para la clase política y las élites de poder. Visto el grado casi insultante de manipulación ejercido por ustedes los políticos y los medios de comunicación afines, comprenderá que esta no me parezca una hipótesis descartable.

Finalmente querría comentar mi desconcierto inicial en el tema de la lengua catalana. El modelo educativo que teníamos en Cataluña desde hace treinta años cumplía con dos factores esenciales: garantizaba que al terminar la escolarización los alumnos conocieran tanto el catalán como el castellano y evitaba la división de la sociedad en dos comunidades separadas por el idioma. Actualmente todo el mundo entiende los dos idiomas aunque, por supuesto, cada uno habla el que mejor le parece. Lo que usted propone es, esencialmente, conseguir que parte de la población desconozca el catalán.

Por supuesto esto está creando un encendido debate que rápidamente deriva a temas de identidades nacionales y proclamas sobre la libertad de los padres para elegir, no tanto que conocimientos han de adquirir los niños sino en que idioma han de ofrecérselos. Puesto que usted no podía ignorar el efecto que tendría en este aspecto particularmente sensible, me permito sospechar que acaso sea una manera de desviar la atención sobre el poco interés que muestran en fomentar la cultura científica y el pensamiento crítico.

Por desgracia, usar cuestiones relacionados con Cataluña cuando se trata de desviar la atención de temas incómodos para los partidos en el poder parece ser una estrategia muy habitual en los últimos años. Las campañas de desinformación resultan efectivas y muchas personas creen sinceramente que en Cataluña el castellano está en peligro y que se persigue a los castellanoparlantes. Aunque falso, esto no es sorprendente si la única información que les llega proviene de determinados medios de comunicación que sistemáticamente tergiversan la realidad. Es divertido cuando nos acusan de estar adoctrinados por la prensa catalana, como si aquí no tuviéramos acceso a los medios de ámbito nacional. Como anécdota le diré que tengo amigos que se sorprendieron al descubrir que mis hijas hablaban correctamente el castellano. Su confusión resulta deprimente, aunque comprensible ya que esto es lo que se repite insistentemente en muchos lugares de la geografía española.

No insistiré en este aspecto ya que aquí intento centrarme en temas relacionados con la ciencia. Aunque no me resisto a hacer notar que parecería que desde la clase política se ha fomentado el conflicto entre Cataluña y el resto de España con el fin de obtener réditos electorales. El modelo educativo que tenemos funciona razonablemente bien y durante treinta años no ha sido causa de ningún conflicto. Ahora, mientras se discute encendidamente el idioma en que se dan las clases no se pone en el punto de mira la calidad de la educación que se está diseñando. Por cierto, tampoco se habla de la pérdida de poder adquisitivo de las pensiones, los incumplimientos de programas electorales o el indignante reparto de fondos públicos para proteger los intereses de sistemas financieros a costa de la sanidad, la ciencia, la educación o las pensiones. Una situación muy conveniente para el partido en el poder.

Desde mi punto de vista de científico le agradecería que intentara hacer lo posible para mejorar la calidad de la educación de este país promoviendo de manera adecuada el conocimiento científico. He de decir que algunas de sus declaraciones me hacen dudar de la percepción que ustedes mismos tienen del valor de la ciencia para la sociedad.

Y por supuesto, también le agradecería que esto lo hiciera sin contribuir a la (inquietante) idea que para ser buen español es necesario oponerse fervientemente a todo lo que suene a catalán. Aunque considerando el rédito político que obtienen así como algunas de sus más famosas declaraciones, le confieso que tampoco soy muy optimista en este punto.

Atentamente